miércoles, 6 de mayo de 2009

Gracias a una mandarina..~!


Que inverosímil resulta volver a escribir a causa de una mandarina! Sí, queridos lectores (si es que aún cuento con alguno luego de este largo invierno sin recibir alguna senal literaria de quien suscribe) he vuelto! Y gracias a una iluminada mandarina…!

Resulta que luego de tanto golpe, de tanta lucha contra un mercado (y un mundo y un yo) en crisis, aún respiro. Algo agitadamente por momentos, pero respiro. Fue duro, a veces hasta fulminante, el mantenerme como un junco irreverente frente a tanta ventolera económica (y sobre todo emocional). Pienso algunas palabras importantes para describir el estado en el que me sumergieron estos pasados meses y se me ocurren: insensatez, despecho, insensibilidad, vacío, angustia, más despecho, locura! Percátese el lector que las he elegido una por una con el motivo de impresionarlo. Si no lo logro luego de semejante ausencia, de seguro optará por navegar otras aguas de otros ciberescribas (no es esta acaso la ley de la competitividad? Reinventarse o perecer! ja). Pues, así atravesé días, luego meses, luego ya no quise contar. Pero entonces surgió la oportunidad salvadora, esa que me depositó nuevamente al servicio de una dadivosa corporación multinacional. Gracias a Dios (si es que aún se encuentra empleado y no fue invitado a negociar una no deseada desvinculación el gran Padre Celestial) actualmente tengo trabajo.

Vuelta entonces a la gloriosa rutina, de la que tan gratamente forman parte algunos de los siguientes:
* El despertador (del que ya casi me había olvidado bajo la condición de desempleada, porque los desempleados no nos regimos bajo la ley del “tiempo” sino más bien la del “espacio”, a saber: donde catzo busco hoy?!),
* El colectivo de las 8 am que no llega (y la mente que aún no se terminó de despabilar divaga con elocuencias tales como: En Canadá los subtes pasan cada minuto y medio.. A veces incluso se comete el error de decirlo en voz alta y así provocar la ira de la turba que aguarda en la fila impaciente al igual que uno. Pero para cuando llega apretás los dientes y deseás con todo tu ser que no sea ese el colectivo que te tenés que tomar! La muy frecuentemente usada expresión portena “hasta las manos” resulta justa para coronar la situación. Aunque pensándolo bien (y el infaltable café del desayuno pareciera que empieza a actuar..) resulta mejor “hasta los codos”, porque claro, no habrá viaje en que no recibas codazos al mejor estilo Once, todos al por mayor!
* Bendito Ford y sus jararquías y líneas de mando! No habría empresas sin jefes demandantes y bipolares, aunque no importa tanto cuan demandantes sean si de la noche a la manana el reporte que había que entregar hoy era para ayer o aún mejor puede esperar para mañana! Demás está decir que te quedaste toda la noche meta cafeína, tipear y sacar cuentas, nadie se va a molestar en siquiera sacarlo de la bandeja de entrada hasta pasadas las 5 pm!
* Por último, como olvidar a los dispositivos electrónicos varios que se jactan de hacer de la vida del empleado un universo paralelo más confortable y eficiente (a saber, un teléfono que no deja de sonar incluso si se desenchufa! y/o una PC a la cual cada día miro con más desdén bajo la sospecha de que se esté comiendo poco a poco mi alma, mi hermosa alma!..)

He aquí entonces esta (feliz?) laburante. Y he aquí también la mandarina que engullo en casa luego de unas milenarias (sigo tratando de impresionar!) 8 horas de oficina. Una mandarina que se llevará el título de cena, a falta de juntar ganas de prepararme algo más. Y así nomás, mientras pelo una o dos mandarinas se me ocurre pensar que últimamente como más mandarinas que naranjas porque me resulta más práctico, más funcional. Pelo, desgajo, engullo. A diferencia de una naranja, que me implicaría más enchastre, y por ende más problema, la mandarina parece rendirse a mi merced sin ofrecer mayor desbarajuste.

De esta manera, tan absurdamente mundana, hago sinapsis por un segundo y me pregunto: no será la causa de mi aún menguante tristeza, que sigo eligiendo más mandarinas? Sigo optando por lo que genera menos conflicto, menos riesgo. Una simple mandarina. Sigo eligiendo quedarme en un mismo lugar, sin buscarme de veras, de ver que es lo que me estremece y me eleva. Pienso entonces en una gran oficina que me consume y va adoptando rápidamente la forma de esa mandarina. Me estremezco. Busco una palabra que represente ese temblor. Y elijo “desafío”. Desafío sería una naranja, sería llenarme los dedos de jugo y buscar esos gajos con cuya cáscara tenga ganas de pelear, de enfrentarme, hasta ya no dejar más que una pulpa hechizante en mi boca, masticando satisfactoriamente mi plena y anaranjada victoria. Pero hoy, ceno mandarina.

Entonces, trago ese último gajito y suspiro porque en el fondo lo sé. Aún creo que mi suculenta naranja me está esperando. Ella, en algún lugar, aguarda el momento en que no voy a dudar, voy a mirar su reinante redondez y voy a querer dar ese paso crucial! Un solo manotazo y ya está, voy a elegirla! Voy a elegir el enchastre!

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