miércoles, 4 de noviembre de 2009

La luz titilante


Que paradójica la manera en que de repente un día parece que el mundo no nos entiende en lo absoluto y otros días nos cae la ficha de tal manera que todo nos cierra y somos uno con el mundo. Algo así me pasó hace un par de días.

Demás está decir que este fue y es un año de muchos cambios personales y profesionales. Un año donde todo parece desencajar y volver a armarse pero de otra forma, como si pusiera las mismas fichas en un rompecabezas nuevo cada vez.
Muchas preguntas y pocas respuestas. O muchas respuestas a pocas preguntas. La verdad, no lo sé.

De todas maneras, el mundo sigue girando y yo en él, yo con mis planteos, mis cambios, mis decepciones, mis deseos y sueños. Tengo que seguir intentando, todos lo dicen y eso hago. Algunas mañanas con más ímpetu que otras. Pero sigo remando aunque por momentos no entienda que hace el remo en mi mano..

Entonces, una noche, así de la nada, se corta la luz mientras me apuro a guardar la info que estaba procesando en la computadora con mi media naranja. Y lo que alguna vez fue luz es ahora oscuridad. Es increíble como lo cierto se convierte en incierto y los lugares conocidos hace minutos se convierten en espacios desconocidos. Nos envuelve la negrura del cielo con apenas dos o tres nubes dispersas.

Y entonces dejamos de mover los dedos insistentes por el teclado, nos quedamos quietos en las sillas. Casi por casualidad los dos decidimos no hablar para no interrumpir a la oscuridad que había venido de visita inesperadamente.
Luego de un rato así, parpadeando y mirando la nada oscura nos dimos vuelta e instintivamente buscamos la luz, las ventanas que dan al jardín. A ver que había ahí afuera aparte de oscuridad. Porque siempre estamos destinados a buscar la claridad, la certeza de aquello que podemos ver, oler, tocar, sentir.

La noche era inmensa, y sé que está mal dicho y que cualquier profe de literatura odiaría la expresión por ser errada. Pero así lo sentí, lo sentimos. Mirábamos por la ventana como por primera vez. El jardín, siempre tan colorido y vivaz ahora nos miraba dormido y eso nos asombraba.

Pero entonces, de ese silencio oscuro y negro se hizo la luz. No una luz magnífica sino una bien chiquita. Una que titilaba y se movía discreta.

Él fue el primero en verla y me dijo su nombre. Entonces la busqué inquieta. Hacía mucho que no veía una. Y así como iluminada, valga la redundancia, le dije muy segura: Viste, a veces se tiene que poner oscuro para que podamos ver la luz. Muy profético de mi parte pero se ve que le gustó porque suspiró y me dio un beso en la mejilla. Yo estaba recostada sobre su pecho con la mirada fija en esa luz movediza, diminuta, hipnotizante.

Que paradójica la manera en que de repente un día parece que el mundo no nos entiende en lo absoluto y otros días nos cae la ficha de tal manera que todo nos cierra y somos uno con el mundo. Y ese día, el día que por alguna incierta razón todo parece acomodarse, hasta una luciérnaga puede lograr conmovernos increíblemente.

lunes, 3 de agosto de 2009

Sobre que pasaría si la mariposa quisiera ser oruga



"HAY algo denso, unido, sentado en el fondo,
repitiendo su número, su señal idéntica.
Cómo se nota que las piedras han tocado el tiempo,
en su fina materia hay olor a edad,
y el agua que trae el mar, de sal y sueño. (...)"
Unidad de Pablo Neruda



A veces hay momentos

Para preguntarse

Que pasaría

Si la mariposa

Quisiera ser

Simplemente

Una oruga


Preguntarse

o más bien dejar

de preguntarse

por que anidar

un sueño breve

de volar alto

de alas multicolores

de arboles frondosos

de mañanas hermosas

de viento dulce


Preguntarse

O más bien

Dejar de preguntarse

Si creer en un futuro

De tan solo un instante

Y sólo anclar y

pensar

En tierra firme

En lugares conocidos

En futuros cercanos

En humedades exactas


Y vivir transitando

Un espacio común

Sin volar alto

Sin alas multicolores

Sin árboles frondosos

Sin mañanas hermosas

Sin viento dulce

Creyendo sólo

En ese presente

Terrenal, Corpóreo,

Finito,

De Oruga


A veces hay momentos

Para preguntarse

Que pasaría

Si la mariposa

Quisiera Ser

Simplemente

Una oruga

miércoles, 6 de mayo de 2009

Gracias a una mandarina..~!


Que inverosímil resulta volver a escribir a causa de una mandarina! Sí, queridos lectores (si es que aún cuento con alguno luego de este largo invierno sin recibir alguna senal literaria de quien suscribe) he vuelto! Y gracias a una iluminada mandarina…!

Resulta que luego de tanto golpe, de tanta lucha contra un mercado (y un mundo y un yo) en crisis, aún respiro. Algo agitadamente por momentos, pero respiro. Fue duro, a veces hasta fulminante, el mantenerme como un junco irreverente frente a tanta ventolera económica (y sobre todo emocional). Pienso algunas palabras importantes para describir el estado en el que me sumergieron estos pasados meses y se me ocurren: insensatez, despecho, insensibilidad, vacío, angustia, más despecho, locura! Percátese el lector que las he elegido una por una con el motivo de impresionarlo. Si no lo logro luego de semejante ausencia, de seguro optará por navegar otras aguas de otros ciberescribas (no es esta acaso la ley de la competitividad? Reinventarse o perecer! ja). Pues, así atravesé días, luego meses, luego ya no quise contar. Pero entonces surgió la oportunidad salvadora, esa que me depositó nuevamente al servicio de una dadivosa corporación multinacional. Gracias a Dios (si es que aún se encuentra empleado y no fue invitado a negociar una no deseada desvinculación el gran Padre Celestial) actualmente tengo trabajo.

Vuelta entonces a la gloriosa rutina, de la que tan gratamente forman parte algunos de los siguientes:
* El despertador (del que ya casi me había olvidado bajo la condición de desempleada, porque los desempleados no nos regimos bajo la ley del “tiempo” sino más bien la del “espacio”, a saber: donde catzo busco hoy?!),
* El colectivo de las 8 am que no llega (y la mente que aún no se terminó de despabilar divaga con elocuencias tales como: En Canadá los subtes pasan cada minuto y medio.. A veces incluso se comete el error de decirlo en voz alta y así provocar la ira de la turba que aguarda en la fila impaciente al igual que uno. Pero para cuando llega apretás los dientes y deseás con todo tu ser que no sea ese el colectivo que te tenés que tomar! La muy frecuentemente usada expresión portena “hasta las manos” resulta justa para coronar la situación. Aunque pensándolo bien (y el infaltable café del desayuno pareciera que empieza a actuar..) resulta mejor “hasta los codos”, porque claro, no habrá viaje en que no recibas codazos al mejor estilo Once, todos al por mayor!
* Bendito Ford y sus jararquías y líneas de mando! No habría empresas sin jefes demandantes y bipolares, aunque no importa tanto cuan demandantes sean si de la noche a la manana el reporte que había que entregar hoy era para ayer o aún mejor puede esperar para mañana! Demás está decir que te quedaste toda la noche meta cafeína, tipear y sacar cuentas, nadie se va a molestar en siquiera sacarlo de la bandeja de entrada hasta pasadas las 5 pm!
* Por último, como olvidar a los dispositivos electrónicos varios que se jactan de hacer de la vida del empleado un universo paralelo más confortable y eficiente (a saber, un teléfono que no deja de sonar incluso si se desenchufa! y/o una PC a la cual cada día miro con más desdén bajo la sospecha de que se esté comiendo poco a poco mi alma, mi hermosa alma!..)

He aquí entonces esta (feliz?) laburante. Y he aquí también la mandarina que engullo en casa luego de unas milenarias (sigo tratando de impresionar!) 8 horas de oficina. Una mandarina que se llevará el título de cena, a falta de juntar ganas de prepararme algo más. Y así nomás, mientras pelo una o dos mandarinas se me ocurre pensar que últimamente como más mandarinas que naranjas porque me resulta más práctico, más funcional. Pelo, desgajo, engullo. A diferencia de una naranja, que me implicaría más enchastre, y por ende más problema, la mandarina parece rendirse a mi merced sin ofrecer mayor desbarajuste.

De esta manera, tan absurdamente mundana, hago sinapsis por un segundo y me pregunto: no será la causa de mi aún menguante tristeza, que sigo eligiendo más mandarinas? Sigo optando por lo que genera menos conflicto, menos riesgo. Una simple mandarina. Sigo eligiendo quedarme en un mismo lugar, sin buscarme de veras, de ver que es lo que me estremece y me eleva. Pienso entonces en una gran oficina que me consume y va adoptando rápidamente la forma de esa mandarina. Me estremezco. Busco una palabra que represente ese temblor. Y elijo “desafío”. Desafío sería una naranja, sería llenarme los dedos de jugo y buscar esos gajos con cuya cáscara tenga ganas de pelear, de enfrentarme, hasta ya no dejar más que una pulpa hechizante en mi boca, masticando satisfactoriamente mi plena y anaranjada victoria. Pero hoy, ceno mandarina.

Entonces, trago ese último gajito y suspiro porque en el fondo lo sé. Aún creo que mi suculenta naranja me está esperando. Ella, en algún lugar, aguarda el momento en que no voy a dudar, voy a mirar su reinante redondez y voy a querer dar ese paso crucial! Un solo manotazo y ya está, voy a elegirla! Voy a elegir el enchastre!