
"La amistad es un alma que habita en dos cuerpos; un corazón que habita en dos almas"
Aristóteles
Somos proporciones, o seres proporcionales. Ya sé, suena a delirio. Más bien a delirante matemático no? Pero no es algo nuevo para nada. Es un axioma viejo, muy viejo. Ya hablaban de esto los griegos con bastante precisión, teoría que se trasladó en el tiempo hasta nuestros días. Y aqui me encuentro, queriendo indagar un poco sobre esta temática que me mantiene despierta por estos días, con el solo fin de poder asociarla en definitiva al único y gran tema de siempre: el amor (en todas sus formas).
Comencemos por la teoría de Fibonacci, de la cual tomé conocimiento a través de un muy buen libro de un autor argentino contemporáneo (Crímenes Imperceptibles, de Guillermo Martinez) al cual el mundo prestó atención un poco más recientemente con la puesta en escena que se hizo del libro en cuestión (Los crímenes de Oxford). Pero para no defraudar a algún curioso lector que quiera sumergirse en esta impecable novela, para explicar la teoría un poco mas a fondo voy a remitirme a un pequeño extracto de internet que la resume bastante bien:
"La secuencia de Fibonacci es una secuencia infinita de número que comienza por: 1, 1, 2, 3, 5,8,13..., en la que cada uno de ellos es la suma de los dos anteriores. Así: 2=1+1, 3=2+1, 5=3+2, 13=8+5 . Para cualquier valor mayor que 3 contenido en la secuencia, la proporción entre cualesquiera dos números consecutivos es 1,618, o Sección Áurea. La secuencia de Fibonacci se puede encontrar en la naturaleza, en la que la flor del girasol, por ejemplo, tiene veintiuna espirales que van en una dirección y treinta y cuatro que van en la otra; ambos son números consecutivos de Fibonacci. La parte externa de una piña piñonera tiene espirales que van en sentido de las manecillas del reloj y otras que lo hacen en sentido contrario, y la proporción entre el número de unas y otras espirales tiene valores secuenciales de Fibonacci. " (internet)
Entonces, no quedan dudas de que la naturaleza y el mundo busca inexorablemente las prorporciones. Encontramos proporciones, armonía, equilibrio, a nuestro alrededor. Buscamos eso que al estar en armonía, es por ende, perfecto. Y aquí la reflexión subsiguiente: el archi hiper recontra citado refrán de "buscamos nuestra media naranja".
Pues bien, entendiendo como dice Fibonacci que somos proporciones, mitades que buscan ser perfectas al momento del encuentro de su complemento, que pasa si esa otra perfecta mitad no aparece? En el caso particular del hombre (entendido como ser humano), que tipo de unidad somos? Si hacemos caso a la teoría de Fibonacci, la cual parece demostrarse en todo lo circundante y por ende mas real, sustanciosa y correcta, debemos entender que somos sencillamente.. mitades! Entonces, nuestro orígen y transitar por el mundo consiste en perseguir esa otra mitad que nos complemente, nos complete, nos haga ser uno con el mundo? Pareciera ser que sí.
Ahora bien, que pasa si esa otra mitad no llega? Si no llega mi media naranja, seguiré vagando por el mundo, en tanto dure mi existencia, siendo una mitad imperfecta y sufriente, carente de eso otro que me hace ese ser perfecto con el universo? No podré autorrealizarme? No conoceré el verdadero significado de la felicidad en su estado puro? Además, quien nos garantiza que esa otra mitad que elegimos y nos elige (si creemos tener la suerte de haberla encontrado) es la correcta, es la mejor mitad? No estamos acaso en desventaja con la naturaleza si de entrada nacemos inconclusos, imperfectos? No es esto una contradicción permanente con el mundo?
Quizás, como ya habrá notado el lector a estas alturas, haya sido algo ambicioso (inconciente!) de mi parte optar por este tema, esta reflexión tan compleja, para un simple post que no deja de ser una porción, un aporte de mi pensamiento a la red. Pero no pude dejarla pasar. Como suele decirse en criollo, no pude con mi genio!
En conclusión, querido lector, creo fervientemente en este mundo matemático, increíble y proporcional. Pero también me atrevo a creer en ese otro mundo cósmico, universal, imperceptible, que nos rodea. Eso otro que sabemos que está, pero que no podemos medir (aún!). Eso que llamamos alma, amistad, amor, que nos hace seres tan ricos, tan llenos de algo más. Pues bien, entonces, prefiero por el momento dejar al mundo como está, con sus matemáticas y sus teorías, con sus proporciones y sus armonías, pero creyendo en simultáneo en eso otro que aún no hemos llegado a comprender, un cosmos que nos exige más, que nos invita a seguir la reflexión (pues este post no tiene otra intención más que esa), a pensar que como decía Aristóteles hace ya largo tiempo: la amistad es un alma que habita en dos cuerpos. Porque quizás, en el fondo, el universo nos haya creado como mitades inacabadas (a diferencia de todo lo restante que nos rodea en la naturaleza) simplemente para que disfrutemos, nos divirtamos, vivamos este viaje que es la vida, jugando a ser rompecabezas, buscando por los siglos de los siglos, la maravillosa otra mitad que nos haga brillar! Pero claro, no olvidemos que como todo juego, habrá que saber disfrutar del viaje tanto o más que el destino!


