lunes, 26 de mayo de 2008

Jugando a ser una matemática empedernida





"La amistad es un alma que habita en dos cuerpos; un corazón que habita en dos almas"



Aristóteles


Somos proporciones, o seres proporcionales. Ya sé, suena a delirio. Más bien a delirante matemático no? Pero no es algo nuevo para nada. Es un axioma viejo, muy viejo. Ya hablaban de esto los griegos con bastante precisión, teoría que se trasladó en el tiempo hasta nuestros días. Y aqui me encuentro, queriendo indagar un poco sobre esta temática que me mantiene despierta por estos días, con el solo fin de poder asociarla en definitiva al único y gran tema de siempre: el amor (en todas sus formas).

Comencemos por la teoría de Fibonacci, de la cual tomé conocimiento a través de un muy buen libro de un autor argentino contemporáneo (Crímenes Imperceptibles, de Guillermo Martinez) al cual el mundo prestó atención un poco más recientemente con la puesta en escena que se hizo del libro en cuestión (Los crímenes de Oxford). Pero para no defraudar a algún curioso lector que quiera sumergirse en esta impecable novela, para explicar la teoría un poco mas a fondo voy a remitirme a un pequeño extracto de internet que la resume bastante bien:

"La secuencia de Fibonacci es una secuencia infinita de número que comienza por: 1, 1, 2, 3, 5,8,13..., en la que cada uno de ellos es la suma de los dos anteriores. Así: 2=1+1, 3=2+1, 5=3+2, 13=8+5 . Para cualquier valor mayor que 3 contenido en la secuencia, la proporción entre cualesquiera dos números consecutivos es 1,618, o Sección Áurea. La secuencia de Fibonacci se puede encontrar en la naturaleza, en la que la flor del girasol, por ejemplo, tiene veintiuna espirales que van en una dirección y treinta y cuatro que van en la otra; ambos son números consecutivos de Fibonacci. La parte externa de una piña piñonera tiene espirales que van en sentido de las manecillas del reloj y otras que lo hacen en sentido contrario, y la proporción entre el número de unas y otras espirales tiene valores secuenciales de Fibonacci. " (internet)

Entonces, no quedan dudas de que la naturaleza y el mundo busca inexorablemente las prorporciones. Encontramos proporciones, armonía, equilibrio, a nuestro alrededor. Buscamos eso que al estar en armonía, es por ende, perfecto. Y aquí la reflexión subsiguiente: el archi hiper recontra citado refrán de "buscamos nuestra media naranja".

Pues bien, entendiendo como dice Fibonacci que somos proporciones, mitades que buscan ser perfectas al momento del encuentro de su complemento, que pasa si esa otra perfecta mitad no aparece? En el caso particular del hombre (entendido como ser humano), que tipo de unidad somos? Si hacemos caso a la teoría de Fibonacci, la cual parece demostrarse en todo lo circundante y por ende mas real, sustanciosa y correcta, debemos entender que somos sencillamente.. mitades! Entonces, nuestro orígen y transitar por el mundo consiste en perseguir esa otra mitad que nos complemente, nos complete, nos haga ser uno con el mundo? Pareciera ser que sí.

Ahora bien, que pasa si esa otra mitad no llega? Si no llega mi media naranja, seguiré vagando por el mundo, en tanto dure mi existencia, siendo una mitad imperfecta y sufriente, carente de eso otro que me hace ese ser perfecto con el universo? No podré autorrealizarme? No conoceré el verdadero significado de la felicidad en su estado puro? Además, quien nos garantiza que esa otra mitad que elegimos y nos elige (si creemos tener la suerte de haberla encontrado) es la correcta, es la mejor mitad? No estamos acaso en desventaja con la naturaleza si de entrada nacemos inconclusos, imperfectos? No es esto una contradicción permanente con el mundo?

Quizás, como ya habrá notado el lector a estas alturas, haya sido algo ambicioso (inconciente!) de mi parte optar por este tema, esta reflexión tan compleja, para un simple post que no deja de ser una porción, un aporte de mi pensamiento a la red. Pero no pude dejarla pasar. Como suele decirse en criollo, no pude con mi genio!

En conclusión, querido lector, creo fervientemente en este mundo matemático, increíble y proporcional. Pero también me atrevo a creer en ese otro mundo cósmico, universal, imperceptible, que nos rodea. Eso otro que sabemos que está, pero que no podemos medir (aún!). Eso que llamamos alma, amistad, amor, que nos hace seres tan ricos, tan llenos de algo más. Pues bien, entonces, prefiero por el momento dejar al mundo como está, con sus matemáticas y sus teorías, con sus proporciones y sus armonías, pero creyendo en simultáneo en eso otro que aún no hemos llegado a comprender, un cosmos que nos exige más, que nos invita a seguir la reflexión (pues este post no tiene otra intención más que esa), a pensar que como decía Aristóteles hace ya largo tiempo: la amistad es un alma que habita en dos cuerpos. Porque quizás, en el fondo, el universo nos haya creado como mitades inacabadas (a diferencia de todo lo restante que nos rodea en la naturaleza) simplemente para que disfrutemos, nos divirtamos, vivamos este viaje que es la vida, jugando a ser rompecabezas, buscando por los siglos de los siglos, la maravillosa otra mitad que nos haga brillar! Pero claro, no olvidemos que como todo juego, habrá que saber disfrutar del viaje tanto o más que el destino!

lunes, 19 de mayo de 2008

Había una vez un cuento..




La sorpresa constante no sorprende

Alejandro Dolina







Había una vez una morocha de rulos, una noche, y un pedido. Era una noche de esas de mucha quietud, negra como mulata brasileña, en la que el tiempo parece detenerse. Dos amigos conversan de a ratos. La morocha de rulos había tenido un lindo día disfrutando de su compañía, y como apéndice de esas horas transitadas (apaciblemente, mucho sillón de por medio ja) estaba algo inquieta. Recostada, en voz baja, casi como un susurro le dijo a su amigo si le contaba un cuento. Un pedido algo insólito para una morocha de rulos de copiosos 25, tal vez.

Demás está decir, que ese cuento fue todo lo que esperaba escuchar. Increiblemente detallado, podía verme andar los paisajes y los personajes de la historia, una historia que me tenía como protagonista principal, en un futuro lejano (o no tanto) y en una vida posible de todas esas que nos tocan vivir. Quizás valga la pena decir que el cuento lo desencadenó la pregunta de la morocha: contame como estaría yo dentro de 10 años. No fue solamente lo que desencadenó. Fueron un par de lágrimas, pero también la reflexión de este post. Cuando y donde perdimos la capacidad de emocionarnos, de dejarnos sorprender, de conmovernos?

Asombrar: causar gran admiración o extrañeza. Conmover: turbarse, sentir agitación, inquietud. Parece que nuestro postmoderno transitar por la ciudad emanara mucho de asombrar y conmover. No hace mucho en un seminario de mi especialidad escuché que "toda la publicidad actual está destinada a que vivamos cada situación como una nueva experiencia". Ej. Lavarse el pelo con el shampoo XY será toda una experiencia; si tomas este jugo levemente gasificado será toda una experiencia; y así sucesivamente. Estamos seguros que estamos repletos de nuevas e interesantes experiencias? Estamos asombrándonos y conmoviéndonos frecuentemente? Mi sentir es que no.

Quizás por eso, cuando me encuentro conmovida por mi ciudad, por un miércoles andando por la calle Corrientes a las 2 am iluminado gloriosamente, por ese espectáculo único en el mundo que es nuestro obelisco, nuestra Buenos Aires (con sus bemoles, claro está), nuestra gente recorriendo cafeterías tan alegremente como si fueran las 10 siendo las 2 am, no puedo no conmoverme. Porque eso es Buenos Aires, eso somos los argentinos, algo de artistas, algo de locos de atar que disfrutamos de una charla con amigos mientras nos sambullimos en un café con medialunas o una grande de muzza a las 2 am como si nada (o como debe ser!). Así, con esa explosión de gentes, de gestos, de momentos, no puedo no conmoverme.

No quedan dudas ya de que nos invaden los medios audiovisuales, las formas que no permanecen estáticas (no en este bendito siglo XXI), los sonidos de todo tipo y calibre. Y así todo nada de eso nos conmueve. Nos dicen como nos debería conmover, pero nos conmueve? Nos conmueve tener la última versión del último celular? O la laptop que nos identifica dactilarmente? O ver nuestra casa desde internet? (esto último lo tomo prestado de una letra, de una canción de los Cafres, a quienes voy a llegar en breve!). Lamentablemente, nada de esto nos conmueve o asombra en lo absoluto, sencillamente porque nacimos con ello y nos parece cotidiano el que formen parte de nuestro día a día. Entonces, no puedo evitar preguntarme: que cosas, que hechos, personas, nos conmueven a los seres humanos hoy?

Ahora sí por suerte tengo un par para ampliar. Levanto la mano decidida a responder esa pregunta. Y digo que me conmueve ver al cantante de una banda que me gusta mucho. Me conmuever verlo recorrer el escenario contento, verlo disfrutar de todo eso que se da en su público, ese dar y recibir que forma parte de un concierto. Me conmueve verlo acercarse hacia donde estoy, tan cerca y a la vez tan lejos (me separan de él apenas 3 cabezas) verlo pararse enfrente y notar el brillo incandecente de sus ojos con cada palabra nueva que van hilando su canción. Es como si brotaran de sus ojos las palabras, eso que es tan propio de el pero que a la vez su público ya ha hecho propio al estar ahí, reunidos, siendo parte de esa sintonía tan especial. Eso definitivamente me conmueve.

Por último, no puedo no conmoverme cuando me veo inmersa en un mar de lágrimas luego de un cuento magnífico, contado con tanto cariño, con tanta dedicación (y algo de devoción). Cuando y donde perdimos esa magia? Dejamos de creer lentamente en todo lo que nos proporcionaba algo de ilusión: Papá Noel, el Ratón Perez, como sería nuestro primer beso, el amor. Dejamos de conmovernos. Pero no todo está perdido mis queridos amigos. Recuerden que había una vez una morocha de rulos, una noche, y un pedido (cumplido satisfactoriamente)! Y colorín colorado, este cuento y esta morocha de rulos se despiden, porque esta post (espern otros!) se ha terminado.

PD: La foto que encabeza este post pertenece al famoso fotógrafo Arthur Fellig - Weegee (1899-1968) llamado El Cronista Rojo, fue un inmigrante ucraniano que se convirtió en uno de los fotógrafos más famosos de norteamerica. Rastreando cada noche las calles de Nueva York en un desvencijado Chevy de dos puertas equipado con una radio de la policía, Weegee proporcionó a los periódicos, desde 1930 hasta 1940, instantáneas de víctimas de reyertas callejeras cubiertas de sangre, accidentes de tráfico y altercados domésticos. También fotografió cientos de reveladores imágenes de la vida cotidiana de los ciudadanos ricos y pobres de Nueva York. Ver más en http://vagos.es/showpost.php?p=1645902&postcount=47

martes, 13 de mayo de 2008

De buscar y encontrar





Si bien buscas, encontrarás!

Platón


El pasado fin de semana estuve reflexionando sobre el amor (casualmente?). Entre tanto disparate que se me cruzó por la cabeza hay uno que resuena bastante seguido. Es ese en el cual los demás te dicen: "ya vas a encontrar a alguien". La verdad, no me siento cómoda con ese axioma. Por ello, voy a dedicar el post de hoy a dos verbos bien interesantes: buscar y encontrar.
Luego de haber fracasado en el intento de remitirme al origen etimológico de cada uno (internet de por medio) opté por remitirme a esas fuentes de antaño, que casi diría uno están hoy al borde de la extinción: los diccionarios. El Larousse, alguien se acuerda del Larousse??? (Hay una anécdota que alguna vez les contaré en relación a ese diccionario y yo ja). En resumidas cuentas, como era de esperar, ambos verbos estaban relacionados intrínsecamente. "Buscar" remite a "hacer diligencia para buscar algo" mientras que "Encontrar" es "hallar lo que se buscaba". Pues bien, no creo que sea casual que mientras que buscar nos ubica en una posición de mayor esfuerzo, encontrar denota una sensación de mayor confort.

A que viene este planteo? Paso a explicarme. Estoy algo desilusionada del amor, de ese amor que hay que buscar. Buscar, cada fin de semana en algún lugar de los de moda (claro está) donde acudan aquellos de edades parecidas y gustos parecidos (variedad? para que?), donde suena la misma música una y otra vez y a un volúmen que casi nos imposibilita pensar, ni hablemos de hablar (vaya uno a saber quien gusta de ese otro placer de antaño, ciertamente en otro Larousse se ha convertido la posibilidad de entablar unas palabras con otro hoy en día sin que haya algún dispositivo digital o audiovisual de por medio). Sumado a todo ello, el complemento de las bebidas que anulan todo atractivo de ese encuentro. En fin, resumámoslo en que me cansé de buscar, de poner de mi toda esa diligencia, ese esfuerzo extra que ultimamente me conduce a muy poco, a veces a nada más que una tristeza inexorable y un sentido de vacío gigantesco (suena un poquin depre, ya lo sé). Simplemente me cansé de tener que elegir esos lugares de "encuentro", que como bien le contaba a mi amigo este mismo finde, no los creo lugares de encuentro sino mas bien de perdición, donde es preferible "perderse" entre la masa para ser "uno mas" antes que ser básicamente "uno".

Por eso este post se lo dedico a la otra palabrita de la que si soy mas amiga. Encontrar! Porque bien en el fondo y no tanto, el que encuentra estaba buscando, estaba esperando, y al encontrar se sorprende, gratamente, por ese encuentro. El que encuentra se despierta, se asombra, descubre, se maravilla, y de tanto en tanto, agradece todo eso que ha encontrado. Cuelgo entonces los botines de buscar y me calzo los de encontrar por un rato, quien dice, quizás, esta vez tenga mas suerte..

PD: La imágen que incorporé es un recorte de una pintura de Klimt, pintor austríaco, llamada "El Abrazo".

viernes, 9 de mayo de 2008

Empecemos por el principio..



"Mi nietita escritora, cuando vas a publicar tu libro?" (abuela Isabel a la que escribe!)

Dicen que hay que empezar por el principio. Entonces, empecemos. Me gusta escribir. Por ende, tengo que crear un blog, pensé. O pensaron, varios. Mis amigos, digo. Lo escuché repetidas veces, pero sin hacerles caso porque me conozco y si bien soy persistente cuando quiero, a veces no soy constante (vaya paradoja!). En fin, hoy se me dio por poner manos a la obra finalmente y ver que sale (aclaro que vagando en el ciberespacio quedó una anterior versión inicial de blog, perdida). Claro está, hice todo lo correspondiente, el llamado paso a paso para crear un blog, hasta que me topé con el aterrador "título". Uf, para que! Se me nubló todo. Y ahora que pongo? titubié. Las posibilidades agobian, me pasa seguido. Pero por lo general me inclino por las palabras, como un ancla segura. Entonces cuando iba por el "tin marin de do pingué" me arrepentí. No voy a decir que me iluminé, pero algo así. Que tal "Dime como escribes.." a sabiendas de que mi futuro lector sabría como continuar el famoso refrán. O el símil. Y me gustó. Ahora bien, como soy perfeccionista y curiosa (no se cual de las dos va en primer lugar) se me dio por buscar el orígen de ese refrán. Así que para empezar por el principio, empecemos por saber de donde proviene el refrán origianl "Dime con quien andas y te diré quien eres" (extracto de la web):

"Torquemada, un rudo vendedor de agua, solía ir por lacalle arreando su burro con tremendos azotes. Lagente, acostumbrada a presenciar ese tristeespectáculo, no hacía nada por impedir el suplicio yla humillación del asno, sino que se limitaba a decir:«¡Ahí van Torquemada y su burro!» Hasta que un díapasó por allí un caballero que se le acercó y le rogóque tuviera compasión del pobre animal. El pícaroaguador español se quitó la caperuza y le dijo aldefensor del asno:
—¡Yo haré lo que su señoría me mande, pues no penséque mi burro tuviera parientes en la Corte!
La respuesta burlona de Torquemada le cayó en graciaal caballero, tanto que le compró el animal y se lollevó a su casa. El asno resultó ser un espectáculoagradable para los que se divertían en su compañía. Sunuevo amo lo llevaba consigo dondequiera que iba, comolo hacía antes Torquemada. Pero ahora la gente nocalificaba al asno de «burro», porque no lo asociabacon la mala compañía de Torquemada. Al contrario,hablaba bien de él porque iba bien acompañado. Poralgo sería que a este cuento titulado Torquemada y suasno el gran lingüista Covarrubias de Toledo le pusoel subtítulo: «De los que dondequiera que vayan,llevan en su compañía un necio pesado».
La gracia de este cuento es que quien iba malacompañado no era Torquemada sino su asno, de modo quecuando el pobre burro cambió de amo, y por tanto decompañía, se arregló todo. Ahora la gente podía verque, en compañía de un caballero, el burro era unanimal respetable. En él se cumplía el refrán quedice: «Dime con quién andas, y te diré quién eres.»

Interesante no? Somos y nos convertimos en todo eso de lo que nos rodeamos. El hombre y su circunstancia, decía Ortega y Gasset. Y me detengo acá porque justamente esta es la parada para explicar el por que del título. Es sencillo en realidad. Si digo que soy todo ello de lo que me rodeo, soy eso que escribo. Soy palabras. No es nuevo, desde siempre lo creí. Acaso las palabras no funcionan como compañeros de ruta muchas veces? Al menos en mi caso, debo decir que han sido mochileras en muchas de mis múltiples rutas! Cuando escribimos nuestro nombre por primera vez, cuando escribimos esa primer declaración de amor a ese que tanto nos gusta mirar de reojo en los recreos, cuando rendimos un parcial (por que no!). Las palabras, las palabras. Por último, hoy precisamente le comentaba a un amigo de donde surge esta pasión incontenible por la literatura y la escritura. Creo que vienen conmigo desde siempre. Esto le contaba hoy a mi amigo por chat (me lo tomo prestado a mi misma ja):

Agos dice a Juan: Había una vez una nena a la que le gustaba mucho escribir, y cada vez que tenía exámen de Lengua no podía contenerse y llenaba toda la hoja con historias, personajes, lugares. Claro que cuando le devolvían la prueba, tenía algunos errores más que sus compañeritos, y su mamá le decía que no tenía que escribir tanto. Ella, sin embargo, guardaba contenta su exámen, con sus errores, pero también con sus historias, personajes, lugares.

Bien, entonces, quedamos a mano con el principio de Dime como escribes. Esas son mis palabras. Esa soy yo.